miércoles, 28 de marzo de 2007

Columna de opinión II

Las cosas se conectan.
El Sr López , que percibe la realidad a través de múltiples puertas también da información sobre lo mismo

1 comentario:

  1. La "desigualdad" no se resuelve con la misma lógica que lleva a las grandes "ganancias".

    Lo del "derrame" es una verdadera tontería. La sociedad debiera ser la copa y el líquido que contiene, y no los que están afuera esperando que derrame.

    Hay un proceso de largo plazo, más o menos de unos 32 años, que tiene cierta lógica y se basa en ciertos axiomas.

    Este proceso tiene que ver con la adaptación del país a la globalización financiera mundial reafirmada en la conferencia monetaria de Rambouillet (1975).

    Lo que ocurrió es que hacia 1975/6 se empezaron a sentar axiomas de funcionamiento económico cuyo resultado era el sostenimiento de la población existente hasta ese momento (unos 23 o 24 millones de personas). Todas las personas que se iban a ir agregando quedaban a su suerte y se las tenían que arreglar como pudieran. Entiéndase que esto es una expresión figurativa, pero la expreso así para que se facilite captar la esencia de lo que digo.

    ¿Por qué se hizo esto?. Porque para adaptarse a la “nueva” globalización era necesario cambiar el perfil productivo de la sociedad y torcer la dirección de la oferta productiva. Si antes la producción y oferta se dirigía a un mercado interno popular, ahora debía dirigirse a los sectores de ingresos más concentrados (similares a los internacionales) y al mercado mundial.

    Como la producción y oferta que permitía la configuración físico económica de antes del ‘75/76 no podía seguir satisfaciendo el mercado interno popular y, al mismo tiempo, a los sectores concentrados y el mercado mundial, entonces se sacrificó el mercado interno popular. Para lograr esto se tuvo que crear un problema de “demanda”.

    En la época anterior a estos últimos 31 o 32 años, una gran proporción de la fuerza de trabajo producía bienes salario para el resto de la fuerza de trabajo y el mercado interno. Era una sociedad más centrada en el trabajo para sí, para mantener cierto nivel de bienestar. Era una sociedad que tendía a usar toda la fuerza de trabajo disponible.

    Ese tipo de sociedad no era compatible con la adaptación a la globalización que requiere producir barato en U$S para el mercado mundial, importar, y satisfacer el lujo a que da lugar la internacionalización de los ingresos del 20 o 25% de la población.

    En esta lógica la totalidad de la fuerza de trabajo disponible no es necesaria. Gran parte queda ociosa. Las buenas condiciones laborales y los buenos salarios no son necesarios, puesto que no es una sociedad cuya prioridad va a estar en producir y ofertar bienes para sí misma, sino para una “escisión” de sí misma y para el mercado mundial.

    Lo que lograron en todos estos años es reducir la noción de demanda grande (del 100% de la sociedad) a una pequeña (25 o 35%) pero sin que se note. Esto sucede, en parte, porque esa demanda pequeña es la que incide en gran parte en el aumento del producto y aumenta en términos absolutos. Se trata del crecimiento de un subconjunto de la sociedad que pasa como si fuera el conjunto total. Este subconjunto aumenta sus miembros en términos absolutos, pero el resto de la sociedad también, por lo tanto, siempre es una minoría, pero con cada vez más incidencia en los valores económicos. Todo sucede como si la mentalidad económica se haya conformado con el hecho de que puede haber “crecimiento” del PBI sin necesidad de todo el resto de la demanda. Al quedar eliminada del mapa la posible demanda de unos 15 millones de personas, la demanda que figura en el mapa parece que es el 100% pero en realidad es una parte muy pequeña. Que la otra no esté en el mapa no significa que no exista.

    De lo que se trata es de volver al mapa esos millones de personas y flias.

    Pero para hacer eso, las ideas de los retoques, los “derrames”, etc., hay que dejarlas de lado. Se necesita volver a configurar la economía para que produzca los bienes y servicios físicos que necesita la totalidad de la sociedad. Esto implica reformas muy importantes, que requieren gran capacidad política de conducción, porque organizar la economía en función de un principio totalmente diferente del actual no es fácil, es muy difícil. Hay que facilitar las condiciones para crear nuevas clases sociales. Empresarios con otra orientación distinta a la meramente exportadora, que vean que con el mercado interno pueden prosperar.

    Hay que darle al dinero local poder para que pueda traccionar la demanda del mercado interno local. El dinero en sí mismo nada vale, pero si se le transmite cierto poder puede servir para realizar la idea de resucitar el mercado interno popular.

    Pero para que la gente compre, necesita ingresos, y para tener ingresos hay que trabajar. Se necesita, bajo este principio de reciprocidad local, emplear a toda la fuerza laboral disponible, en principio, en obras grandes de infraestructura. Hay que volver a producir bienes salario para el mercado interno grande (quesos, carnes, etc., mucha proteína animal). En la emergencia, durante 2 o 3 años, habrá que reducir las exportaciones para poder ofertar a la demanda interna creciente. Luego, habrá que retomar las exportaciones, pero como un subproducto de la saturación del mercado interno, y no como ahora que es lo inverso (el mercado interno visto como un subproducto del negocio exportador). Habrá que empezar a producir para los futuros ex pobres, cosa que puede parecer insólita en la lógica predominante, pero es muy sensata desde el punto de vista del bienestar general y de la verdadera productividad físico económica (no monetaria).

    En fin, no se puede pensar en este escenario transformado con el tipo de dudas e interrogantes que son una consecuencia lógica del escenario que queremos transformar. Dentro de éste, solo se pueden mover ciertas cosas, pero todo dentro de la misma lógica que ya existe y que da todos los problemas que ya sabemos. Ninguna verdadera esperanza tenemos.

    El otro escenario es el de la incertidumbre que todo futuro conductor tendrá que bancarse y absorber, con gran apoyo popular (no solo electoral, sino emocional), para ejecutar las transformaciones que hacen falta hacer para hacerle honor al principio constitucional del bienestar general, por tantas décadas postergado en nuestra querida patria, que no son solamente campos y casas, o fábricas y caminos, sino nuestros hermanos, las millones de flias. y personas que la habitan y la habitarán en el futuro.

    Si la economía no sirve para que las personas puedan desarrollar las capacidades que traen, para lo cual necesitan desarrollar su aspecto material y mental, si no sirve para esto, entonces no hay esperanzas ni para el país ni para la humanidad.

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