viernes, 25 de febrero de 2011

Kirchner, discurso en acción

Por Liliana Chiernajowsky , en Página, el 13/11/2010

Uno de los efectos de la muerte de Néstor Kirchner fue la proliferación de análisis políticos que buscan explicar el masivo apoyo popular a quien hasta hace unos días había sido demonizado por la oposición político-mediática. El poder “K”, es preciso recordarlo, sería nazifascista, espurio, sediento de poder, corrupto, ubicado a la derecha del menemismo, autoritario y manipulador de todos los colectivos que lo acompañan, sean organismos de DD.HH., militantes sociales, intelectuales, artistas populares o (sobre todo) pobres arrastrados por un choripán y un Plan Trabajar. (...)

Para algunos intelectuales críticos al gobierno, Kirchner ni siquiera merecería la categoría de líder populista según lo entiende Ernesto Laclau (más allá de las conocidas críticas a Laclau) dado que no habría podido expresar una auténtica articulación de demandas ciudadanas. Su genio político sólo daría cuenta de una extraordinaria acumulación de poder. Post mortem, muchos de esos análisis se refirieron al carisma, su naturaleza intransferible y la posible configuración de un mito.

Algunos no sabemos si el vapuleado ex presidente fue un líder carismático y menos aun si se convertirá en mito. Pero puede advertirse el peligro de que esas categorías pretendan licuar el contenido y los significados de su acción política. Al mito, en tal caso, podrán explicarlo diversas disciplinas. Ahora, qué duda cabe, lo que interesa es la política. El carisma, es cierto, no se hereda pero sí es posible acompañar una propuesta, participar de su construcción y apoyar una acción de gobierno que desde hace tres años es conducida por la actual Presidenta. Néstor Kirchner fue, ante todo, un político cabal: apareció en la escena nacional después de la crisis del 2001, supo interpretar sus sentidos más profundos y, parado en el 22 por ciento de los votos, trazó en líneas gruesas pero decisivas un modelo (podemos decirlo sin pruritos) que recogió parte de la memoria histórica de antiguas tradiciones libertarias y populares, y supo responder a nuevos desafíos en un país que había perdido la autoestima, las expectativas en la política y sus posibilidades transformadoras.

El kirchnerismo estableció, sobre todo, un fenomenal debate cultural y político, recuperó palabras que parecían muertas, reinstaló conceptos que el prolongado discurso único de finales y principios de siglo nos había impuesto como definitivamente perimidos. Se recuperaron viejos derechos avasallados y aparecieron y se reconocieron nuevos. (...)


Pero queremos reconocernos y recuperar un conjunto de ideas políticas desde donde poder intervenir y pensar soluciones. A las que se instalaron, hegemónicas, hasta la llegada de Kirchner, se las conoce bien por sus resultados.

En Resistencia e integración (1990) el inglés Daniel James se pregunta con agudeza por las razones que hicieron que la clase trabajadora argentina estableciera una relación decisiva y permanente con el peronismo, diferente de otras experiencias populistas latinoamericanas. (...)


Afirma que con su énfasis en la dimensión social de la ciudadanía, Perón desafiaba la validez de un concepto de democracia que la limitaba al goce de derechos políticos. Y que su insistencia en una idea de democracia que indefectiblemente debía incluir derechos y reformas sociales fue comprendida cabalmente por los sectores populares. En contraste, esos mismos sectores recibían con escepticismo los discursos y símbolos formales del liberalismo vernáculo. La Década Infame, con sus secuelas de frustraciones individuales y colectivas, fue el punto de referencia sobre el que se configuró la cultura peronista, cuyos significados menos tangibles fueron el orgullo, el respeto propio y la dignidad conquistados por mayorías anteriormente humilladas. El poder social herético que el peronismo encarnaba se expresó también en el empleo del lenguaje.

Salvando las notables diferencias, es posible emparentar estas observaciones de James con algunos rasgos de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. En primer lugar, el presidente Kirchner entendió que la gran crisis que se desencadenó en 2001 había sido nuestra década infame contemporánea. La tomó como contraste y contramodelo para levantar el propio. Buscó llegar a todos aquellos que vivimos esa bancarrota personal y colectiva y restaurar la confianza en un cambio. No sorprende que los que entonces eran muy jóvenes experimentaran sus gestos como maderos en medio del naufragio. El kirchnerismo es también lo más parecido a la versión del peronismo que se constituyó en los orígenes de ese movimiento. La comparación con los años ’70 carece de asidero en elementos básicos: el contexto de violencia armada, el rol impotente de Perón, la escasa acción de gobierno alcanzan para comprenderlo. El desarrollo de esas relaciones supera las posibilidades de esta nota, que apenas quiere destacar la retórica que el kirchnerismo construyó a partir de muchos y potentes gestos heréticos, todos recordados en estos días.

Quizá esa saga comenzó con la remoción de la Corte adicta, una decisión que, siendo un legado de radical republicanismo, paradójicamente no se detuvo en pruritos procedimentales señalados en ese momento. Los que todos los jueves participamos de las manifestaciones frente a Tribunales reclamando esa medida, nunca imaginamos la impronta que el novel presidente le imprimiría a ese cambio. Nuestras mentes aun colonizadas por el posibilismo hubiesen considerado una herejía el nombramiento de algunos integrantes de la actual Corte Suprema, o el posterior de Mercedes Marcó de Pont al frente del Banco Central. Néstor Kirchner, que no era un orador brillante, les dio brillo a sus obras, y su gestualidad audaz y desenfadada alcanzó un enorme valor simbólico. Ese discurso en acción recuperó el rol del Estado y la centralidad de la política, a la que le devolvió la efectiva dirección del rumbo económico, el poder de plantarse frente a interlocutores poderosos y la búsqueda irrenunciable de justicia social en la acción de gobierno. Postulados que parecen obvios, pero no lo son. Serán, en cambio, materia de luchas por los significados dentro del mismo peronismo.

No debería sorprender la repentina visibilización de quienes apoyaban esas medidas a pesar del implacable bombardeo mediático-político. Son más o menos los mismos que se habían manifestado festivos en el Bicentenario. Allí pudo sentirse algo más que un repentino orgullo patrio o las ganas de disfrutar un show artístico. No se concurre masivamente a una convocatoria que pueda sentirse ajena o contraria a los intereses propios. Se compartió un estado de ánimo colectivo; una interpretación de nuestra historia bicentenaria y reciente; una vocación latinoamericanista. Esa convocatoria fue abierta, plural, sin banderías, y así fue también la adhesión, sin clausuras, sin explicitud de pertenencias, sólo acompañando gratamente un curso de la cosa pública, de la acción política.

Todos los resaltados y los recortes son míos. Nota completa , acá



2 comentarios:

  1. HOMENAJE A NESTOR EN SU NATALICIO
    Anoche soñé que en el Cielo conversaban Néstor y Dios. Aquí transcribo lo que recuerdo
    K: ... lo que pasa es que los peronistas para elegir compañeros de fórmula somos peores que Silvio Soldán eligiendo esposa. ¿Te acordás de Perón - Isabelita?".
    Dios: "Es cierto. Por eso deberías haber reformado la Constitución o haberle buscado la vuelta y echar a patadas en el traste a ese tipo.
    Y te voy a confesar un secreto: a pesar de lo que digan "Los 10 mandamientos", para mí el peor de los pecados es la traición.
    Y ya que estamos con el tema de los 10 mandamientos, ¡qué quilombo hay en tu Congreso! Son tan lentos y contreras que si yo hubiera mandado mis leyes a a probar allí ...en 2000 años recién estarían sancionado la tercera ...":
    K: "Hablando de despelotes, ¿cómo solucionastes la sublevación del Demonio?".
    Dios: "Me resultó sencillo. Te lo explico: a él le entregué una parte del territorio celestial, que ahora se denomina el Infierno, a cambio de quedarme yo con todos los medios de comunicación. Por eso, es muy sencillo comunicarse conmigo. Vas a la Iglesia y ya me encontrás y encima hice correr la bolilla que estoy en todos lados y escucho a todo el que me reza. En cambio, para contactarte con Satanás es muy complicado. Tenés que beber sangre humana, retorderle el pescuezo a una gallina o clavarle alfileres a un sapo.
    Además, a mi se me representa como un abuelito canoso y de barba; un buen tipo, ¡bah! Y al Demonio como un ser macabro y con cuernos que al apoderarse de un hombre le hace girar la cabeza en 180 grados, vomitar y saltar de la cama.
    Y todo se debe al marketing.
    Aquí tengo que hacerte un reconocimiento por haber propuesto la Ley de Medios. Los diarios, la TV y la radio no se pueden dejar en manos de los opositores".
    K: "Bueno, gracias Diosito. Al menos me reconocés algún acierto".
    Dios: "No seas tan suceptible, Néstor. Te toreo un poco para hacerte reaccionar y protestar contra el sistema ... así te sentís como en tu casa. Yo se que hicistes un montón de cosas por tu pueblo y que si no hicistes más es porque no te dejaron. Pero ya tendremos una eternidad para hablar del asunto.
    Lo que quiero darte ahora son unos consejos para que se los transmitas a Cristina para que sepa como actuar con los traidores. ¿Te acordás cuando en "la última cena" Judas vendió a mi hijo por una monedas? Bueno ... al desgraciado le hice sentir tanta culpa que solito se ahorcó en un árbol.
    Ya pasaron dos milenios, ¿y qué recuerdo quedó de Judas? A nadie le importa: no existe ni una estampita suya, ni un souvenir. Todo el merchandaising quedó para mis discípulos leales. Y, lo que es peor, el nombre Judas quedó asociado a la maldad y la traición. No quiero exagerar pero creo que hasta Hitler, Musolini o Franco tuvieron más suerte que él.
    ¿Cómo pensás que va a terminar Cobos?
    www.kikitodulce.blogspot.com

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  2. es poco creible tu dialoguito ja ja

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